Un hotel donde te ‘obligan’ a jugar


  • Aquí las habitaciones están llenas de muñecos, los jabones huelen a chicle y a caramelo y los postres se sirven salpicados de ositos de gominola.

  • Si los niños mandaran en el mundo, todos los hoteles serían como el Hotel del Juguete . Aquí las habitaciones están llenas de muñecos, los jabones huelen a chicle y a caramelo y los postres se sirven salpicados de ositos de gominola. No es un hotel de fantasía ni de quita y pon. Es un auténtico cuatro estrellas y está en Ibi, a 43 kilómetros al norte de Alicante, en el llamado Valle del Juguete, rodeado de fábricas y museos dedicados al asunto.
    Chillando, saltando y riendo. Así se están un minuto largo los niños cuando abren la puerta de cualquiera de las 21 habitaciones del Hotel del Juguete y descubren lo que hay dentro. La que más furor causa es la habitación Playmobil, donde además de un montón de juguetes de la marca, hay un muñeco gigante, una mujer policía que vigila para que nadie se aburra. Aunque casi tiene la misma demanda la dedicada a Doraemon, el gato cósmico. La tele tira mucho, ya se sabe. Nancy, Barriguitas, Nenuco, Pin y Pon y Lego son otros famosos juguetes que dan nombre y ambiente a las habitaciones. También tienen las suyas Melchor, Gaspar y Baltasar, lo cual es lógico, porque son asiduos visitantes del Valle del Juguete. Y hay un par de ellas dedicadas al juguete clásico, el de hojalata, que fue el origen de todo, con el que empezó a gestarse la fama y la prosperidad de esta comarca alicantina.
    Con tanto juguete como hay en este hotel (en las habitaciones, en la sala de juegos y en el restaurante), los niños no quieren ni oír hablar de salir. Normal. Salvo, claro está, que se les proponga visitar, en la misma localidad de Ibi, el Museo del Juguete (966 550 226), que atesora una colección de más de 4.000 piezas. Los viejos juguetes de hojalata, auténticas obras de arte realizadas en Ibi en los años 20 y 30 del pasado siglo, son los grandes protagonistas: autogiros, hidroaviones, locomotoras, tranvías, tractores, tartanas… Pero también se pueden ver otros increíbles, como aquellos cines sonoros que sincronizaban la imagen proyectada con el sonido de un disco de baquelita que giraba en un pequeño gramófono.

    Otra visita que sirve para arrancar a los niños del Hotel del Juguete es el Museo de la Muñeca (655 123 484), que está en Onil, a diez kilómetros de Ibi. Allí nació, en 1968, Nancy, la muñeca de 42 centímetros y larga melena (algo nunca visto hasta entonces) que se convirtió en la reina absoluta de las jugueterías españolas. También nacieron Barriguitas y Nenuco, y en 1976 empezaron a producirse los clicks de Famobil (luego rebautizados como Playmobil), que pocos años antes habían sido creados en Alemania. De modo que, si en algún lugar saben de muñecas y muñecos, es en Onil y en este museo donde se exhiben más de 1.200 piezas de los siglos XVIII, XIX y XX, desde Mariquita Pérez al Bebé Glotón.El edificio donde está instalado el Museo del Juguete no es un lugar cualquiera. Es la antigua fábrica de Payá, la legendaria empresa juguetera fundada en 1905 que hizo la felicidad de los niños españoles durante el siglo XX. Ella fue la primera de las muchas fábricas jugueteras que surgieron en el valle. En 1970, en el momento de máxima actividad, funcionaban 70 de ellas y más de 60 industrias auxiliares. La sirena que señalaba el cambio de turno en Payá daba servicio a 500 trabajadores. Una sirena que (recuerdan los vecinos) sonaba como la de los barcos y podía oírse en todo el valle cada mañana a las 7.45 y otras cinco veces a lo largo del día. Todo el mundo en la comarca se acostumbró a ordenar su vida conforme a ella.
    En el museo también hay una habitación de los Reyes Magos, con lujosas camas donde se supone que Sus Majestades descansan todos los años antes de partir del valle cargados de juguetes. Y hay, en la planta superior, una exposición permanente sobre los Playmobil, en la que se muestran los múltiples escenarios del mundo en que se pueden desenvolver estos individuos de 7,5 centímetros. El momento ideal para visitar el museo es el sábado por la tarde, cuando se despiertan las muñecas Catalina y Marieta (es decir, dos chicas disfrazadas de tales) para explicarles a los más pequeños cómo se fabricaban antiguamente estos juguetes y otras curiosidades. Esta visita teatralizada es a las seis de la tarde.



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