Gran Barrera de Coral de Australia, la belleza submarina

Ver la película animada “Buscando a Nemo” puede desatar fantasías sobre la belleza de la Gran Barrera de Coral, ubicada en el noreste de Australia, pero sumergirse en sus aguas supera a la propia imaginación.

La belleza del sistema de arrecifes de la Gran Barrera de Coral, en Australia, cuyos colores son fluorescentes y brillan como los ópalos, deja boquiabierto a cualquiera. Basta una pequeña visita a algunos de los 3.000 arrecifes para tener una idea clara de los motivos que llevaron a declararla Patrimonio de la Humanidad y a elegirla como una de las siete maravillas naturales del mundo. La Gran Barrera de Coral, en el noreste australiano, es una especie de gigantesca fortaleza acuática multicolor de diversos niveles con corales duros y porosos que, unas veces hacen de plataformas anchas y casi planas, y otras de amasijos oscuros con recovecos y túneles pequeños que se levantan sobre un piso blancuzco.
Jardín de coral tropical en Opal Reef, frente a Port Douglas, en Australia.
Jardín de coral tropical en Opal Reef, frente a Port Douglas, en Australia. Foto: Christian Botella/Tourism and Events Queensland
Esta arquitectura natural se completa con corales suaves y esponjosos en forma de hongos o gigantescos claveles que se combinan con esponjas y algas, que danzan con los vaivenes del agua clara.

600 tipos de corales y 1.600 especies de peces

La Gran Barrera de Coral, situada en el noreste de Australia y con un área de 350.000 kilómetros cuadrados , alberga 600 tipos de corales, 100 de medusas, 133 variedades de tiburones y manta rayas, 1.600 especies de peces y 3.000 tipos de moluscos, además de 6 variedades de tortugas y 30 de ballenas y delfines, entre otros seres como dugongos, las ballenas y los pepinos y estrellas marinas, que son únicos en el mundo. Cualquier visita a la Gran Barrera, ya sea desde las ciudades de Cairns o Cooktown o desde cualquier punto del extremo nororiental del estado de Queensland, es impresionante, pero se goza de una sensación de éxtasis especial cuando se participa en el programa “Eye on the reef” (Ojo en el arrecife), en el que se pretende, por un día, ser una especie de biólogo marino que registra los avistamientos de animales. Esta pequeña labor, que ayuda a los registros científicos, aguza la vista para poder reconocer a especies como el pez payaso, de franjas naranjas, blancas y negras; el pez cirujano, de color azul eléctrico y una mancha negra en el cuerpo y cola amarilla; y otros peces y moluscos y, si se tiene suerte, a algún pequeño e inofensivo tiburón de cola de punta blanca o negra que nadan sigilosos entre los laberintos coralinos de Australia. La Gran Barrera, considerada una de las siete maravillas naturales del mundo, es un sistema de unos 3.000 arrecifes que se formó hace decenas de millones de años cuando Australia se separó del supercontinente Gondwana y cuya apariencia, tal y como la conocemos ahora, se formó en la última edad de hielo, hace 8.000 años.
Unos buceadores en los alrededores de los denominados Jardines Clam.
Unos buceadores en los alrededores de los denominados Jardines Clam. Foto: Darren Jew/Tourism and Events Queensland
Los indígenas australianos no tienen una historia sobre su creación porque, al estar sumergida, desconocían de su existencia, aunque por miles de años vivieron de sus recursos y navegaron por sus aguas. La primera evidencia que documenta el avistamiento de la Gran Barrera por parte de los europeos fue la de Louis de Bougainville, quien al mando de los barcos “La Boudeuse” y “L’Etoile”, se encontró con el arrecife que lleva su nombre el 6 de junio de 1768, en medio de un mar agitado que le obligó a volver a Asia. Pero fue el capitán inglés James Cook, famoso por ser quien reclamó Australia para la Corona Británica, el que se topó por primera vez con la Gran Barrera cuando su barco, el “Endeavour”, se topó con un arrecife el 11 de junio de 1770 al norte del cabo Tribulación, donde se quedó seis semanas reparando la embarcación en lo que hoy se conoce como la ciudad de Cooktown. Así, Cook y sus científicos realizaron algunas ilustraciones y observaciones que permitieron conocer la existencia de la Gran Barrera en Australia a finales del siglo XVIII, aunque fue el hidrógrafo Philip Parker King, al mando del “Mermaid” en 1819 y el “Bathurst” en 1820, quien elaboró, por primera vez, un mapa detallado del norte de este complejo coralino.

Patrimonio natural en peligro

La belleza y el valor natural de sistema de arrecifes más grande del mundo le valió, en 1981, el título de Patrimonio de la Humanidad, aunque ahora se juega su posible inclusión en la lista mundial de Patrimonio en peligro, por las preocupaciones en torno al impacto del desarrollo de la zona costera en sus aguas y en la salud de sus corales. Apremiadas por conservar el título, pero sobre todo por proteger su valor natural, las autoridades de Australia han puesto en marcha un plan de sostenibilidad para evitar que el desarrollo económico de la zona vaya en detrimento de este frágil ecosistema, en medio de una polémica que se intensifica cuando se trata del dragado del subsuelo en los puertos como el de Abbot Point, desde donde se exportan valiosos recursos mineros. Los científicos ya han advertido que las actividades de dragado aumentan el nivel de los sedimentos que caen sobre los corales, interfiere en su habilidad para poder alimentarse y, por ende, reducen su energía y aumentan las frecuencia con que se manifiestan las enfermedades en estos organismos vivos. La Gran Barrera, uno de los grandes atractivos turísticos de Australia, ya ha perdido la mitad de sus corales, en un 48% por las tormentas y ciclones como el Yasi, que arrasó con el noreste australiano en 2011; además de un 42% a causa de las voraces estrellas coronas de espina (acanthaster planci); y un 10% debido al blanqueamiento (decoloración) producido por el aumento de la temperatura de las aguas.

Australia tiene que actuar

Ahora, la Gran Barrera necesita una tregua de la naturaleza sin tormentas ni aumentos de temperaturas, pero también del esfuerzo del hombre para no provocar estos cambios climáticos. Australia tiene que actuar en numerosos frentes porque además se precisan acciones locales para restaurar los árboles que fueron arrancados de las costas para el sector agroganadero, evitar que los fertilizantes y pesticidas que se usan en los cultivos se vuelquen al mar; además de purificar sus aguas para que se tornen cristalinas y transparentes para permitir el paso de la luz, que tanto necesitan los corales para crecer, así como adoptar medidas de desarrollo sostenido para que la explotación minera y de hidrocarburos no atente contra su integridad.
Australia. Una zona coralina en una foto aérea en la zona de Reef.
Una zona coralina en una foto aérea en la zona de Reef. Foto: Peter Lik/Tourism and Events Queensland
También se deben erradicar a las coronas de espina, que se propagan con gran rapidez ya que una hembra puede poner unos 60 millones de huevos al año, mediante un método único de inoculación de veneno muy eficaz, que ha contribuido a desarrollar el australiano nacido en Colombia, Jairo Rivera Posada,investigador de la Universidad James Cook. A veces estos problemas tan graves de la Gran Barrera no se notan ante el goce que proporciona a los visitantes el turismo, que genera unos 4.784 millones de dólares a la economía australiana, porque este territorio, que es tan grande como Italia o Alemania, aún se niega a perecer.
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