Cosas que hay que hacer en Suiza para disfrutarla a full!!

52 cosas que hay que hacer en Suiza una vez en la vida
 cosas que hay que hacer en Suiza una vez en la vida

1. Volver a la vida estudiantil (o monacal) en la impresionante biblioteca de la abadía de St. Gallen. Volver a la realidad empapado en el barroco de su catedral o en el indescriptible estilo contemporáneo del mercado de Friedensreich Hundertwasser

2. Mojar los pies en el Lago Constanza. Seguir al lago hasta que se convierte en río (el Rin) y volver a terreno sólido callejeando entre los entramados de madera de Stein am Rhein. 

3. Alcanzar (en teleférico, proezas las justas) el macizo del Säntis y ver desde lo más alto de la región de Alpstein 6 países en una sola panorámica (Suiza, Alemania, Francia, Austria, Italia y Liechtenstein). 

4. Hacer una paradita en el camino en cualquiera de las fondas de montaña del Appenzell. Comenzar una deliciosa epopeya quesera con el facilón Appenzeller

5. Ver crecer al Rin en las cascadas de Schaffhausen y acabar olvidando el río mientras se pasea extasiado por este reducto medieval y deliciosamente tradicional.
Abadía de St. Gallen
Abadía de St. Gallen
6. Ganar unos años (y mucha salud) en el valle del Taminatal. Merecerse un tratamiento en condiciones en Bad Ragaz tras un día conquistando las grietas de la garganta de Taminaschlucht. 

7. Mutar en Heidi caminando por su sendero en Pizol o visitando su idílica casa enMaienfeld.

8. 
Dominar el mundo desde los espectaculares despachos naturales de Davos

9. Tomar un tren hasta para ir a comprar el pan. 

10. Cambiar el acento o tolerar a la jet set mientras se descubre la gran metrópolis alpina: St. Moritz. Olvidarse de los precios y las apariencias mirando el lago, la torre inclinada o el Museo Segantini. 

Cascadas de Schaffhausen
Cascadas de Schaffhausen
11. Encontrarse con el Mediterráneo conquistando Ascona, tomando un helado en su paseo lacustre o cayendo en la tentación cafeínica de cualquiera de sus terrazas. 

12. Navegar con un look muy Flavio Briatore por el Lago Maggiore o por el de Lugano

13. Darse al contrabando de influencias en el vertiginoso pueblo de Gandria, mítico puesto fronterizo que hoy recuerda sus años de estraperlistas con un museo del contrabando y una coqueta aduana. 

14. Tomar el sol en Locarno, entre el colorido del hotel Belvedere y las villas señoriales que se extienden hasta Muralto. 

15. Darse un chapuzón en las cristalinas aguas del Vallemaggia y secarse en las acogedoras chimeneas (o terrazas) de Bosco Gurin.
Winterthur
Winterthur, la Florencia suiza
16. Creer, desde lejos, que Lugano es una especie de Río de Janeiro alpino. Desengañarse al bucear entre sus grandes salones y disfrutar de la mezcla perfecta entre la buena vida italiana y el orden suizo. 

17. Fantasear con pasar los últimos días de una vida en Morcote y acabar siendo un vecino más de su fantástico cementerio. 

18. Recordar el Medievo 
entre los bellos castillos y fortalezas que protegen Bellinzona y todo su valle y entender por qué merece ser defendido. 

19. Adivinar por qué a Winterthur le llaman la Florencia suiza y no parece una exageración desproporcionada. Pasear por la zona peatonal más grande de Europa entre museo y museo (así hasta 17 nada menos). 

20. Pasear por la Banhoffstrasse de Zúrich con bolsas de las mejores boutiques del mundo (y regusto a bombones en los labios).
Zúrich: el paraíso de las compras
Zúrich: el paraíso de las compras
21. Darlo todo en los clubs de Zúrich Oeste tras cenar en antiguas fábricas, escuchar jazz en viejos almacenes o visitar la maravillosa tienda de Freitag. 

22. Recuperarse de todo mal a remojo en los maravillosos manantiales de Baden

23. Oler las plantas que alegran el maravilloso puente de la capilla de Lucerna. Callejear por una de las ciudades más bellas del país y encontrar el confort de los primeros hoteles de lujo o el trozo de piedra más triste del mundo.

24. Disfrutar de un paseo a motor por el lago de los Cuatro Cantones e ir descubriendo mansiones como en la que vivió Wagner, puertos encantadores comoBrunnen y playas juveniles. Regresar a Lucerna disfrutando arquitectónicamente del interesante KKL de Jean Nouvel. 

25. Gobernar los Alpes desde el maravilloso mirador del Monte Pilatus tras haber subido en su tren de cremallera.
Pilatus
Hasta Pilatus llegarás en el tren cremallera más empinado del mundo
26. Gozar de la arquitectura y los millones de estilos que brillan en Basilea. Volverse un adicto a los museos y acabar en el pequeño laguito de la maravillosa Fundación Beyeler.

27. Empacharse de buen diseño en el Campus Vitra que, por mucho que esté en territorio alemán, es pura esencia helvética. 

28. Respirar los mil años que atesora Neuchâtel y su fantástico y cálido centro histórico. Darse un respiro en su extensísimo lago. 

29. Encontrar el maridaje perfecto entre el lujo y el pasado en Biel, donde las grandes firmas de relojes se exhiben en tiendas centenarias y soportales que han cobijado unos cuantos inviernos. 

30. Sorprenderse en La Chaux-de-Fonds y conocer dónde nació el negocio de los relojes de precisión en Suiza. Curiosear por las extrañas calles de la primera ciudad industrial de la Historia para encontrar las primeras joyitas de Le Corbusier. 

Museo molón: exhibicionismo del bueno en la Fundación Beyeler
El edificio de la Fundación Beyeler, creación de Renzo Piano
31. Probar la absenta sin alucinar en el intento. 

32. Vigilar el lago desde las imponentes murallas de Murten. Bucear entre sus esquinas de piedra para comprender por qué se merece tan buena defensa. 

33. Pasar media vida bajo las arcadas (o Lauben) de Berna e ir disfrutando desde aquí de una capital con mucho jugo que ofrece todo un arsenal de edificios medievales en perfecto estado de conservación. Contrarrestar el atracón con un poquito de Paul Klee. 

34. Cruzar del lago Thun al lago Brienz callejeando por Interlaken. 

35. Dejarse salpicar por las impresionantes cascadas del valle de Lauterbrunnen.
Cascadas del valle de Lauterbrunnen
Cascadas del valle de Lauterbrunnen
36. Comprobar que el paraíso es tangible y verdadero tras las ventanas de los trenes de montaña con los que se descubre Jungfrau

37. Sentir que Suiza está a tus pies en cualquiera de sus grandes miradores. 

38. Ir de compras, de après-ski o de voyeur entre los chalets más Top de Gstaad

39. Tocar de cerca el monte Zermatt, la más guapa, fotogénica y publicitaria de todas las cumbres del mundo. 

40.
 Debatirse entre la arquitectura lujosa de Verbier, los descensos por Saas Fee y los vinos a lo largo y ancho del Valais.
Matterhorn: el George Clooney de las montañas
Matterhorn: el George Clooney de las montañas
41. Taconear por los puentes de madera que vertebran Friburgo. Dejar al pasado a un lado en las fuentes de Tinguely y las Nanas de Saint-Phalle. 

42. Venerar al chocolate en la Maison Cailler de Broc

43. Relamerse los labios tras una copiosa fondue en Gruyères. Bajar la comida paseando por la única calle de esta idílica localidad donde puede sorprenderte un Alien, el arte budista o un señor castillo. 

44. Probar cualquier queso que se anuncie en la carretera. 

45. Admirar la belleza del Lago Lemán desde las torres más altas del castillo de Chillon.
Guía para disfrutar de una fondue de queso
El ritual de la ‘fondue’: pan y queso
46. Contagiarse de jazz y mitomanía deambulando por el paseo lacustre de Montreux

47. Saludar a Charles Chaplin en Vevey, al divertido tenedor que pincha el lago o a la colección de Kokoschka más interesante. 

48. Acariciar los viñedos de Lavaux coronando las terrazas centenarias y disfrutando de las idílicas vistas de cepas, agua y montañas. 

49. Subir y bajar Lausana, desde Ouchy hasta su catedral, desde las escaleras del mercado hasta las moderneces de Flon, desde la cuna del art brut hasta el Centro de Aprendizaje de Rolex. 

50. Sentirse políglota leyendo todos los carteles oficiales en, al menos, tres idiomas

51. Bucear bajo el mar multicolor de la cúpula de Miquel Barceló en la ONU de Ginebra

52. Sentir los contrastes de Ginebra, desde las magníficas tiendas de relojes hasta los hoteles de lujo, sin olvidar ese casco antiguo con recuerdos medievales y la marcha universitaria y multicultural que se gesta en Pâquis y en Planpalais.





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